Una tradición popular sostiene que el perro es
capaz de ver a los espíritus y sobre todo de
advertir la presencia de la muerte.
De hecho, cuando un perro aúlla cerca de una
casa donde hay un enfermo, se dice que la
suerte de este ya esta echada.
Un perro que ladra delante de una puerta
abierta es mala señal; si ladra al nacer un niño,
indica un futuro desgraciado para el recién
nacido.
También es señal de muerte cercana para
alguno de los habitantes de una casa que un
perro callejero entre en el jardín y excave un
agujero.
Si un perro ladra un número impar de veces,
anuncia la muerte de alguien.
Si se duerme con las patas extendidas, la
señora de la guadaña golpeará
repentinamente a la persona que se encuentre
en la dirección de los miembros extendido del
animal.
Si come hierba, va a llover; y lo mismo sucede
si se rasca durante demasiado tiempo (siempre
que no tenga pulgas); si en cambio, se refugia
bajo la mesa o de bajo de la cama, la tormenta
será terrible.
Como se puede ver por todos esos ejemplos, en las
creencias de todos los tiempos el perro ha sido casi
siempre indicador de muerte.
Este vínculo con los difuntos puede que
este relacionado con el importante papel del perro
en las tradiciones de las religiones antiguas.
Basta pensar en el célebre Cancerbero, perro de tres
cabezas, guardián del Hades; en
relacionado no sólo con la muerte,
también con la resurrección después de la muerte, y
era pintado en color negro.
Se le representaba como hombre con cabeza de
chacal, sosteniendo el cetro real; su cara
es de color negro, por el color de la putrefacción de
los cuerpos, de la tierra fértil
,
símbolo de resurrección. Chacal del mundo de los
muertos egipcio; y en el Rig Veda, hindú
con un perro colocado ante la puerta del otro
mundo.
La mayoría de las supersticiones que protagoniza lo
ven como un animal dotado de
cualidades proféticas, temible anunciador de
inminentes hechos dramáticos.
El Libro de las Supersticiones de Massimo Centini.





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